En diez años, en Argentina más de 22.000 personas han aprendido a leer y escribir mediante el método cubano de alfabetización “Yo, sí puedo”. En menos de 9 años más de 33.000 pacientes (argentinos sobre todo, pero también paraguayos y bolivianos) han sido gratuitamente operados de la vista (cataratas o pterigium) dentro del programa “Operación Milagro”.
Estas son las cifras que nos daba en febrero del 2013 Raúl Troya, coordinador cubano de estos dos programas en Argentina. “Hemos puesto en marcha aquel principio de José Martí y ratificado por Fidel Castro: patria es humanidad”.
Solidaridad cubana en Argentina
A diferencia de otros países como Bolivia o Brasil, en Argentina la solidaridad cubana no trabaja con el estado sino con la Fundación “Un mundo mejor es posible, UMMEP”. Esto ha permitido que muchas personas de Argentina, y también de Chile, hayan asimilado sus principios y hayan hecho suyas estas iniciativas.
En el programa de alfabetización Yo, sí puedo la labor de los voluntarios cubanos no es alfabetizar directamente sino más bien preparar a los facilitadores: jóvenes voluntarios que visitan las villas para enseñar a leer y escribir a quienes lo necesitan.
Noelia (24 años, estudiante de comunicación), Bárbara (26, magisterio) y Joaquín (24, sociología) son jóvenes facilitadores que se vincularon a través de “Propuesta Tatu” y alfabetizan en la Villa 14 de febrero en la localidad Longchamps en Buenos Aires.
Estos jóvenes deben preparar las lecciones una o dos tardes entre semana, trasladarse el sábado temprano en un recorrido que puede tardar una o dos horas (a más de los gastos) y enseñar en las villas hasta las dos o tres de la tarde. Están convencidos de que ellos también aprenden. “Vincular la teoría con la práctica” dicen.
Es su forma de devolver a la sociedad el conocimiento que les da la educación pública “que no es tan pública, porque no todos tienen acceso a ella”.
Jujuy: Fundación “Juanita Moro” y el Barrio “Alto Comedero”
En la ciudad de San Salvador de Jujuy es la Fundación “Juanita Moro” (cuyo nombre evoca una de las patriotas de las gestas de independencia) la que se encarga de implementar los programas Operación Milagro y Yo sí puedo en coordinación con la fundación UMMEP.
—Vamos a Alto Comedero—dice Clara— para que veas como trabajamos.
En la camioneta de la fundación embarcamos el aparato de revisión oftálmica y subimos. Carlos conduce y junto a él vamos la doctora Ana Cabido y yo.
Nos recibe María Luisa Vilar, dirigenta del barrio 9 de julio.
Un vecino del barrio presta su casa para que Clara y Ana revisen de la vista a una decena de personas. Mientras tanto María nos explica cómo se aplica el Yo, sí puedo: “Se hace relevamiento por distintas zonas. Intentamos hacer los cursos entre familiares y amigos, no es como la escuela que tiene sus normas y reglas, a la gente no le gusta esto, a veces nos tomamos un mate mientras estudiamos…”
Uno de los voluntarios cubanos está de vacaciones en Cuba pero María se acuerda de él. “Don Roberto se encariña con las personas y, claro, uno también se encariña también con él. Sabemos que deja a su familia para estar aquí”.
Alto Comedero. Este inmenso barrio alberga cerca de un tercio de la población de San Salvador de Jujuy con una población estimada en más de 80.000 habitantes.
Alto Comedero es una clara muestra de los terribles efectos que produjo el neoliberalismo en América Latina: en la década del noventa miles de personas perdieron sus trabajos y los que conservaron el empleo vieron como su poder adquisitivo disminuyó de golpe. La situación fue tal que ni siquiera podían pagar un arriendo, mucho menos soñar con tener una vivienda propia. Miles de familias se vieron obligadas a invadir terrenos que no disponían de los más elementales servicios: ni agua potable, ni electricidad; menos aún pavimentado o alcantarillado.
“Alto Comedero se ha convertido en los últimos veinte años de “modernidad excluyente” en un enclave de nuevos pobres (o sectores medios empobrecidos) con manchones de pobres estructurales. Este enclave de pobreza en la ciudad es “organizado” por el propio Estado…, con el orden político interviniendo de manera permanente desde el propio origen del barrio” escriben tres autores en Construcción social de la ciudad. San Salvador de Jujuy desde el barrio Alto Comedero.
Córdoba. Una clínica recuperada y dos mujeres únicas.
En Córdoba visitamos el Centro Oftalmológico Dr. Ernesto Guevara ubicado en la Cooperativa de la Salud Junín Ltda.
—Esta es una clínica recuperada. ¿Qué es esto? me digo.
En la crisis argentina del 2001 varias empresas empiezan a cerrar. A veces cierran porque no hay ganancias. Pero las más de las veces es un pretexto del patrono para despedir a los trabajadores antiguos y “caros”. Y también para evadir el pago de las liquidaciones que por derecho corresponden a quienes tienen muchos años de trabajo. Fue una época negra en la que los empresarios aprovecharon las ventajas que ofreció la “flexibilización laboral” neoliberal en contra de los empleados.
Entonces los obreros y empleados toman en sus manos el control de estas empresascerradas como la única manera de defender su fuente de trabajo.
“Este proceso que alcanzó su pico en el 2002 conjuga rasgos propios de los llamados «nuevos movimientos sociales» – democracia y horizontalidad -; del sindicalismo combativo – estrategias de resistencia – y del cooperativismo – forma jurídica que posibilita la autogestión”.
Tal fue el caso de la Clínica Junín que sin razón justificada dejó de pagar los sueldos a sus empleados, fue vendida y, finalmente, terminó despidiendo a sus empleados. La reacción de los trabajadores fue organizarse en defensa de su puesto de trabajo y después de una larga lucha “recuperaron” la empresa para ponerla a servir a pacientes de escasos recursos económicos.
Ricardo Hernández. “La solidaridad: la maravillosa obra del ser humano”
En el pequeño despacho hay poco espacio para los tres ordenadores, las dos impresoras y el cerro de carpetas. Ricardo Hernández, el director del Centro Oftalmológico Doctor Ernesto Guevara, lo comparte con una compañera.
“Hace un par de años, nos dice, se estaban eligiendo las nuevas 7 maravillas del mundo hechas por el hombre. Generalmente se buscan obras monumentales, pero la maravillosa obra del hombre es mucho más cotidiana: es convivir, tratar de construir sociedad. La obra más maravillosa del hombre es la solidaridad. La solidaridad es la expresión más potente y más efectiva del amor”.
“Operación milagro es una obra maravillosa del ser humano y, en particular, del gobierno de una sociedad organizada que decide que la solidaridad es lo que va a cambiar el mundo”.
33 000 personas operadas en Argentina es un pequeño grano de arena en los más de dos millones de personas operadas en el mundo por la Operación Milagro.
“Esto es la solidaridad hecha política de estado: construir un mundo mejor”.
Ricardo está convencido de que esta labor, además de ayudar a las personas enfermas de la vista, ayuda a construir un mundo mejor.
— ¿Cómo?— le pregunto:
“Cuando la persona sufre esta patología choca con los ‘no’ del sistema: la ambición mercantilista de la medicina privada, la visión burocrática de la medicina estatal. Entonces viene acá y se encuentra con una visión humana de la medicina, empieza a escapar de la resignación y pasa a la esperanza y a la certeza de que es un sujeto de derecho. Por eso pelear desde acá es dar una batalla de ideas que nos va a ayudar a cambiar el mundo”.
Ricardo Hernández, director del C. O. “Ernesto Guevara”:
Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, OMS; señalan que de cada 100 ciegos en el mundo 8 no deberían serlo porque son ciegos por causas evitables. De esos 8 ciegos que no deberían serlo, el 60 % lo es por cataratas que se resuelven con una simple, sencilla y sumamente económica cirugía. En media hora y con muy poco costo una persona que es ciega o está a punto de serlo puede evitar perdela visión ¿por qué no se lo hace?
Otro dato: ¿Dónde se imaginan que está el 90 % de los ciegos del mundo? En los países pobres. Es decir, cuando se mira el mapa de la ceguera se está viendo exactamente el mismo mapa de la injusticia, de la exclusión y de la falta de solidaridad: del capitalismo feroz; se está viendo el mapa del capitalismo dependiente.
Ángeles de carne y hueso
Un paciente al salir de una operación dijo: “he estado con los ángeles: me han devuelto la vista”.
En Córdoba, los ángeles son mujeres: Mariana Escope y Alina Milagros Izaguirre, argentina y cubana, morena y rubia. No son solo ellas, hay todo un equipo junto a ellas. Pero de sus manos nace el milagro.
—Mariana ¿Qué te motivó a trabajar en la Operación Milagro si es más rentable la medicina privada?
“El cambiar la vida de una persona que está aislada, sin poder caminar, sin poder comer, sin poder afeitarse, no tiene precio, por más que quieran ponérselo, no tiene precio.
Operación Milagro es una tarea muy humanitaria. A mí me permitió devolverle a la humanidad todo lo que yo tenía adentro. Quizá todo el mundo mejoraría si cada quien pudiera volcar ese don que tiene hacia los demás sin esperar nada cambio, por el solo gusto de ayudar”.
“En Argentina la Operación Milagro es llevada por personal argentino, exclusivamente como asesora médica cubana estoy yo”, nos dice Alina Izaguirre. “Instruimos a los médicos locales a las nuevas técnicas quirúrgicas de avanzada: Facoemulsificación, exeresis y autoinjerto”.
—Pero venir acá te implica algunos sacrificios.
“Tienes que salir de tu país, de tu familia, hay rupturas, dejas tus costumbres pero cuando ves los resultados te das cuenta de que sí, que vale la pena”.
Proyecto Tatu
Gracias a Cuba, la Propuesta Tatu lleva salud y educación a sectores excluidos de la sociedad argentina.
La solidaridad cubana ha hecho posible la formación de jóvenes argentinos de extracción muy humilde que han ido becados a estudiar en la Escuela Latinoamericana de Medicina ELAM, en la Habana, Cuba. Estos jóvenes, al regresar a su país, asumen un compromiso con los excluidos en los sectores a donde la salud no llega, con esa gente que está invisibilizada por el resto de la sociedad.
Con lo que aprendieron en Cuba, donde no hay mercantilización de la salud, construyen con sus habitantes un programa de salud para un determinado barrio.
Gino Straforini, chileno, director de Tatu, nos dice:
“Tatu trabaja en sectores de extrema pobreza. Estamos hablando de tomas de tierra, de gente desesperada que no tiene donde vivir. Personas que se toman un terreno y temen la represión de la policía, pero logran quedarse. Construyen su hogar pero está muy lejos la educación de sus hijos, la salud no existe, las calles faltan, la electricidad está ‘colgada’, no hay gas, el 83 % de los niños tienen caries, sobran las diarreas, el 34 % de estos niños no tienen cama propia donde dormir y duermen con los padres o sus hermanos.
Si no hubiera sido por la solidaridad de Cuba, si a Fidel no se le hubiera ocurrido crear la Escuela Latinoamericana de Medicina ELAM, estos médicos argentinos no existirían.
Y por cierto, que estos médicos en Argentina producen un hecho ético importante que es: la salud es un derecho para todos. Pero no es la salud como un derecho para todos simplemente discursivo sino con hechos concretos de los médicos que están todas las semanas trabajando con la gente y curando.
Esos médicos son ejemplo y desde ese ejemplo se puede construir un proyecto, no solo de salud sino de país, que sea diferente, que sea participativo, que sea profundamente democrático; donde los derechos realmente nos igualen a todos”.