Aprender en familia: una promotora socio-comunitaria alfabetiza a sus tíos con el YO SÍ PUEDO

Erica Cóceres abrió la 4ta mesa de alfabetización del programa Yo Sí Puedo en el barrio Las Acacias de Villa María, en el marco del proyecto “Mujeres empoderadas, germen de sociedades más justas”. Empezó con dos alumnos muy cercanos: su tía, que quiere aprender a leer para usar las redes sociales, y su tío, que […]

Aprender en familia: una promotora socio-comunitaria alfabetiza a sus tíos con el YO SÍ PUEDO

Aprender en familia: una promotora socio-comunitaria alfabetiza a sus tíos con el YO SÍ PUEDO

Erica Cóceres abrió la 4ta mesa de alfabetización del programa Yo Sí Puedo en el barrio Las Acacias de Villa María, en el marco del proyecto “Mujeres empoderadas, germen de sociedades más justas”. Empezó con dos alumnos muy cercanos: su tía, que quiere aprender a leer para usar las redes sociales, y su tío, que dejó el trabajo rural tras un accidente y hoy busca reencontrarse con la lectura y la escritura.

El pasado miércoles 9 de septiembre se abrió la 4ta mesa de alfabetización del programa Yo Sí Puedo en el barrio Las Acacias de Villa María. Erica Cóceres es la facilitadora y contó cómo llegó a esta experiencia: conoció el programa al integrarse al Curso de Promotoras Socio-comunitarias de la Fundación UMMEP.

“Conocí el programa Yo Sí Puedo al integrarme al Curso de Promotoras Socio-Comunitarias de la Fundación, donde nos contaron sobre las distintas propuestas con las que trabajan”, relató Cóceres.

El nuevo grupo se suma a los tres que vienen funcionando con anterioridad. La primera mesa se inició en octubre de 2025 en el barrio La Calera; la segunda, en el primer trimestre de 2026 en el barrio San Nicolás y la tercera se abrio el 2 de septiembre en el barrio La Calera.

Al principio, la posibilidad de ser facilitadora le generaba dudas. “Pensaba que alfabetizar implicaba contar con herramientas pedagógicas específicas y me preguntaba si iba a estar preparada para acompañar un proceso tan importante”, admitió. Sin embargo, conocer la propuesta la ayudó a entender que “cualquier persona mayor de 15 años que sepa leer y escribir puede ser facilitadora, y que no se trata de hacerlo sola”.

Según explicó, el material audiovisual del programa es “un apoyo muy importante” para desarrollar los encuentros, y además cuenta con sus compañeras promotoras, “algunas de ellas docentes, con quienes puedo consultar, compartir dudas y pensar juntas las situaciones que van surgiendo”.

El miedo inicial era comenzar con alguien desconocido. “Me daba miedo comenzar con alguien que no conociera y sentir que no podía cumplir con ese compromiso. Hasta que un día pensé: ¿por qué no empezar desde casa?”, contó.

Así surgió la posibilidad de hacerlo con su familia. Cuando le propuso a su tía comenzar, la respuesta fue inmediata: “Sí, hija, quiero, porque quiero leer Instagram”. “Me sorprendió y me alegró muchísimo”, recordó.

Después pensó en su tío, que también quiso participar. Él sabe leer y escribir, pero tiene dificultades para hacerlo desde que perdió cuatro dedos de su mano derecha en un accidente mientras trabajaba como peón de campo, lo que además lo llevó a jubilarse anticipadamente.

La mesa comenzó el 9 de septiembre con encuentros de una hora y media, una vez por semana. Ambos tíos viven hoy en el barrio Las Acacias, en Villa María. Después de más de quince años de construir su hogar, quedaron sin trabajo y sin casa, y tuvieron que comenzar nuevamente en la ciudad.

Desde su rol como facilitadora, Cóceres valoró especialmente que “estamos aprendiendo juntes”. “No siento que yo llego con todo el conocimiento, sino que voy acompañando el proceso con las herramientas que brinda el programa y con el apoyo de mis compañeras”, afirmó. También destacó que hacerlo en la propia casa de los participantes genera “un espacio de confianza y comodidad”.

“Hoy los veo muy entusiasmados. La falta de trabajo y la imposibilidad de volver a trabajar como antes les había generado mucha frustración. Este espacio de aprendizaje empezó a traerles motivación, curiosidad y ganas de seguir aprendiendo”, sostuvo.

Para ella, la mesa también es una experiencia de aprendizaje. “Quizás por eso el nombre Yo Sí Puedo tiene un significado especial: no se trata solamente de aprender a leer y escribir, sino también de volver a confiar en que podemos aprender cosas nuevas y construir otras posibilidades”, concluyó.