Mujeres tejiendo redes: el cuarto encuentro de formadoras sociales abordó la violencia de género y la necesidad de espacios de género en las organizaciones

El pasado sábado 16 de mayo, el Centro Oftalmológico Dr. Ernesto Che Guevara fue testigo del cuarto encuentro del curso «Mujeres Empoderadas, germen de sociedades más justas». La jornada, que comenzó a las 10 de la mañana, convocó a referentas de diversos barrios de la capital cordobesa, representando a organizaciones sociales, centros vecinales, sindicatos, comedores […]

Mujeres tejiendo redes: el cuarto encuentro de formadoras sociales abordó la violencia de género y la necesidad de espacios de género en las organizaciones

Mujeres tejiendo redes: el cuarto encuentro de formadoras sociales abordó la violencia de género y la necesidad de espacios de género en las organizaciones

El pasado sábado 16 de mayo, el Centro Oftalmológico Dr. Ernesto Che Guevara fue testigo del cuarto encuentro del curso «Mujeres Empoderadas, germen de sociedades más justas». La jornada, que comenzó a las 10 de la mañana, convocó a referentas de diversos barrios de la capital cordobesa, representando a organizaciones sociales, centros vecinales, sindicatos, comedores y merenderos. En esta oportunidad se realizó un taller de perspectiva de género a cargo del espacio de género y diversidad  «Las Mechas».

El curso de formación de promotoras socio-comunitarias sigue consolidándose como un espacio clave para el fortalecimiento del tejido barrial en Córdoba, y el encuentro del pasado sábado fue una muestra clara de ese compromiso. Las participantes no solo intercambiaron experiencias sobre el trabajo cotidiano en sus territorios, sino que se sumergieron en herramientas teórico-prácticas para enfrentar problemáticas estructurales que atraviesan a las comunidades. 

El bloque central de la jornada estuvo a cargo de «Las Mechas», un espacio de género y diversidad que propuso una dinámica participativa y reflexiva, comenzando con el «juego de los bichos», una actividad lúdica para las presentaciones que sirvió como disparador de una reflexión profunda: la costumbre de etiquetar a las personas con «el» o «la» sin consultarles puede ejercer violencias simbólicas e invisibilizar identidades, por lo que la consigna fue clara: al conocer a alguien, preguntar «¿cómo te llamás? ¿qué pronombres usás?» para construir vínculos desde el respeto pleno por la diversidad. A continuación, las promotoras realizaron un ejercicio de autodiagnóstico completando un cuadro de organizaciones, donde volcaron datos sobre sus propios espacios, como la existencia de comisiones de género, el género de las personas referentes, el porcentaje de mujeres y la disponibilidad de espacios físicos para abordar estas temáticas, y la reflexión colectiva fue contundente: en los barrios, las mujeres y las disidencias son el sostén invisible de los comedores, la educación, la salud y las redes afectivas, y gran parte de esa tarea no está reconocida ni siquiera por ellas mismas, por lo que se planteó como tarea territorial salir a explorar el vecindario para detectar otros espacios que trabajen la igualdad de género para proyectar futuros vínculos comunitarios. 

Otra de las herramientas centrales que trabajaron con «Las Mechas» fue el violentómetro, una escala gráfica que permite identificar conductas que van desde micro violencias naturalizadas hasta situaciones de alto riesgo, y este recurso sirvió como puntapié para que las participantes diseñaran colectivamente un protocolo de actuación ante situaciones de violencia dentro de sus organizaciones, estableciendo tres principios éticos fundamentales que regirán la red de confianza: la confidencialidad, la no-revictimización y el respeto, y dividiendo el protocolo en tres ejes de acción que abarcan la prevención de situaciones como las bromas sexualizantes o las desigualdades de oportunidades para acceder a puestos de referencia, la promoción a través de espacios de escucha y formación continua, y la intervención priorizando poner a salvo a la víctima y a sus hijos o personas a cargo, así como transversalizar la perspectiva de género en todas las decisiones cotidianas. Dentro del mismo bloque, se abordó la importancia del recursero legal e institucional, mencionando específicamente la Ley MICAELA de formación en perspectiva de género, pero las facilitadoras fueron enfáticas en señalar que, si bien existen leyes y mecanismos estatales, en la realidad cotidiana suelen funcionar de manera precaria o directamente no funcionar, por lo que la consigna fue organizarse con herramientas propias para garantizar el sostén de la vida y la comunidad, y por eso se encomendó una segunda tarea territorial a las participantes: identificar contactos, instituciones y redes armadas en sus propios barrios para confeccionar una lista de recursos locales a los que poder acudir en casos problemáticos, trazando caminos alternativos para acceder a derechos básicos que el Estado tiene obstaculizados. 

Con un clima de compromiso y sororidad, las participantes se retiraron del encuentro con nuevos saberes y con la responsabilidad de seguir tejiendo redes en sus territorios, sumando herramientas para reconocer las desigualdades de género, abordarlas con protocolos concretos y construir, desde los barrios, un futuro libre de violencias.