A diferencia de las otras colonias de España y Portugal en América (y antes, la francesa de Saint-Domingue) que se independizaron al comienzo de la fase de transición del capitalismo de libre competencia al capitalismo monopólico en los países centrales, Cuba dejo de ser posición española en un contexto de desestructuración del viejo colonialismo y el surgimiento voraz del imperialismo. Del control colonial español a la dependencia económica, militar y financiera estadounidense.
Durante los primeros siglos de ocupación colonial, Cuba fue fundamentalmente una base estratégica clave en la ruta marítima del sistema español. Posteriormente y favorecida en gran medida por la revolución esclavista en Saint- Domingue, (situación que permitió la huida de plantadores azucareros asediados por sus antiguos esclavos), Cuba se convirtió rápidamente en el nuevo gran centro productor de azúcar, monocultivo que daría origen a la llamada “Sacarocracia” cubana.
Por su parte, Estados Unidos había sufrido en el último tercio del siglo XIX un frenético desarrollo económico de su mercado interno y estructura industrial, que lo situaba ya a las alturas de las grandes potencias mundiales ; mientras que España se encontraba en una larga decadencia de la que el pobre estado de sus fuerzas militares era su claro reflejo.
Los Estados Unidos, que desde principios del siglo XIX estaban llevando a cabo una política expansionista, y no habían participado del reparto de África y Asia, fijaron su área de expansión inicial en la región del Caribe y, en menor medida, en el Pacífico.
Mientras tanto, los intentos independentistas cubanos con sus bravxs mambises frente a España ya habían comenzado y se dirigían a una ineludible victoria. Por razones obvias, la guerra de independencia cubana y su desarrollo, fue observada detenidamente por las ansias expansionistas de su gran vecino del Norte, que no dudo en apoyar diplomáticamente la autonomía de Cuba y ofrecer intervenir militarmente si era necesario.
En paralelo, la diplomacia norteamericano reabrió una vía que ya había sido tanteada en años anteriores: el intento de comprar Cuba a España. Las dificultades que atravesaba la economía española a aquellas alturas del siglo XIX llevaron a los dirigentes estadounidenses a considerar que, como ya había ocurrido con Florida en 1821, España estaría dispuesta a traspasar la soberanía de la isla caribeña ante una buena oferta.
Pero aquellas pretensiones ignoraban que, en España, Cuba era considerada una parte esencial de su territorio, más aún tras la pérdida de la mayor parte de su imperio colonial en las primeras décadas del siglo. La isla caribeña era la joya de la corona de los escasos territorios de ultramar que seguían bajo el dominio español, entre los que también se contaban Puerto Rico, Filipinas, Guam o las islas Carolinas.
Como se ve, América Latina y el Caribe era territorio de disputa intraimperilista entre el león inglés, el águila norteamericana y algunos cacareros del gallo francés.
Es este el contexto en que ocurrió el oscuro acontecimiento que recordamos en el día de hoy.
En enero de 1898, los contantes disturbios, productos de una guerra de independencia, sirvieron de excusa para que el gobierno de Estados Unidos decida asegurar los intereses de los residentes yankes en la isla, enviando a la Bahía de La Habana al acorazo de la marina “Maine”. El viaje era más bien una maniobra intimidatoria y de provocación hacia España, que se mantenía firme en el rechazo de la propuesta de compra realizada por los Estados Unidos sobre Cuba y Puerto Rico.
Tres semanas después, el 15 de febrero de 1898, una explosión ilumina el puerto de La Habana. El Maine había saltado por los aires. De los 355 tripulantes, murieron 266 hombres y 2 oficiales. El resto de la oficialidad disfrutaba, a esas horas, de un baile dado en su honor por las autoridades españolas. Tras la catástrofe del Maine, EEUU acusa a España de esta agresión y exige mediante un ultimátum que se retire de Cuba. Independientemente de las responsabilidades de tal catástrofe (que en la actualidad es considerada de forma unánime como un accidente o sabotaje interno producto de una descontrolada combustión de carbón cerca de los depósitos de pólvora), este hecho trágico de la historia belicista de América, sirvió como un perfecto pretexto para la intervención militar directa de Estados Unidos en la guerra de independencia de Cuba. El hundimiento de un buque y las mentiras promovida por poderosos magnates de los periódicos estadounidenses y apoyados por políticos, militares y hasta el congreso de EEUU, se transformó así, no en su causa pero si en el desenvolvimiento de la Guerra hispano-cubano-norteamericano.
Al final del conflicto España fue derrotada y sus principales resultados fueron la pérdida por parte de esta de la isla de Cuba (que se proclamó república independiente, pero quedó bajo tutela de Estados Unidos), así como de Puerto Rico, Filipinas y Guam, que pasaron a ser dependencias del Congreso de Estados Unidos, establecido en el Tratado de Paris en 1898.
La ocupación de Cuba comenzó formalmente el °1 de Enero de 1899 y se prolongó hasta el 20 de Mayo de 1902, cuando se estableció formalmente la República de Cuba. Su nueva Constitución contenía la famosa “Enmienda Platt”, base de la estructuración de la neo colonia. El viejo colonialismo era reemplazado así por nuevas formas de control y dependencia típicas del siglo XX.
La historia de América Latina independiente esta signada, en medida harto considerable, por la de Estados Unidos. Su intervención en la guerra contra España y la posterior ocupación de Cuba y Puerto Rico, marcan la culminación de la primera fase de su política expansiva en pos de la hegemonía de la región, que se inició tras la finalización de la Guerra Civil (1860-1865) y la expansión de la frontera oeste, pero que había comenzado a pergeñarse desde los momentos mismos de su independencia.