El programa de alfabetización Yo Sí Puedo se dicta hace 14 años en la ciudad. Se trata de clases televisivas con un sistema alfanumérico sencillo. Dura cien días y puede albergar hasta veinte participantes, desde jóvenes a adultos mayores.
Hay quienes no pudieron concurrir a la escuela porque tuvieron que arrancar a trabajar en el campo antes de lo esperado. Algunas familias con necesidad de contar con ingresos laborales optaron por que estudiaran los varones y no las mujeres. Muchos otros simplemente hicieron la escuela primaria pero después, con el paso de los años y de la vida misma, se fueron olvidando.
Año a año, un grupo reducido de no más de veinte personas asumen el desafío de saldar una cuenta pendiente en su vida. Con la ambición de aprender a leer y escribir, se inscriben en el programa de alfabetización Yo Sí Puedo que se dicta en Bariloche hace 14 años. Se trata de un método cubano.

Los cien días de programa
“¿Ven todos bien?”, preguntó una de las alfabetizadoras en el primer encuentro, previamente al video televisivo de 30 minutos. “De cerca, no mucho”, admitió uno de los participantes y eso bastó para que uno de los alfabetizadores tomara nota para tramitar un turno con un oftalmólogo.
El programa se completa en cien días y se realiza sólo una vez en el año. En todas las clases se proyecta un video, llamado “teleclase”, que dura media hora y que, poco a poco, avanza en el aprendizaje de las letras. Luego los estudiantes hacen ejercicios con la ayuda de los alfabetizadores para consolidar esos conceptos. A veces en sus cuadernos, otras en una pizarra. “Es sencillo, pero es el único método que sido comprobado por la Unesco”, se enorgullecen los alfabetizadores.
A través de este método televisivo y alfanumérico, cada número representa una letra. “De esta forma, es más fácil para que aprendan: por el uso que tienen de los números en la vida misma. No conocen las letras pero sí los números, porque hacen compras y están familiarizados con ellos”, expresó Rubén Terrile que lleva a cabo el programa desde sus inicios en Bariloche.
La expansión de este programa por el mundo surge con 1,5 millones de analfabetos en Venezuela. Para resolver el problema, se acudió al Instituto Pedagógico Latinoamericano Caribeño (Iplac) de Cuba, el único país con una población completamente alfabetizada.
Hoy son 8.000.000 las personas que aprendieron a leer y escribir en el mundo a través del Yo Sí Puedo. En Argentina, según aseguran los impulsores del programa, ya se logró alfabetizar a unas 30.000 personas.
En Bariloche el curso puede albergar hasta veinte participantes, que actualmente se enteran de la iniciativa a través de las redes sociales y el boca en boca. Sus impulsores coinciden en que podría abarcar muchas más personas “si hubiera decisión política de colaborar y abrir las puertas de escuelas, las juntas vecinales o los centros municipales que hay en los barrios, por ejemplo”.

Animarse a más
Patricia Lande, integrante del equipo coordinador de la CTA, junto a Viviana Rancaño y Terrile, reconoció que la mayoría de los que terminan el curso se animan a comenzar la escuela primaria. “Es una gran satisfacción y no hay una edad específica de los asistentes. Hay muchos jóvenes de veinte años, personas de mediana edad –especialmente mamás que quieren acompañar a sus hijos en su tarea escolar– y adultos mayores empujados, muchas veces, por sus familias”, indicó.
La docente reconoció que “el curso es muy fuerte y conmovedor. Se mueven muchas cosas, las personas se reafirman y se sienten más seguras porque logran leer el nombre de las calles, las etiquetas en supermercados, escribir una carta. De hecho, el examen final es una carta y en el acto de egreso se leen todas las cartas. Esas cartas sirven como constancia porque se mandan a Cuba y a la Unesco”.
Tiempo atrás, un pedagogo cubano visitó Bariloche para hacer un seguimiento del curso que, en este caso, se fue “argentinizando”, reconocieron los alfabetizadores.
Cuentan los alfabetizadores del Yo Sí Puedo que la mayoría de los estudiantes que terminan el programa se animan, después, a empezar la escuela primaria. “Es una gran satisfacción”, aseguran.
Es el caso de Diana Emilse Navarro. Con 35 años, cursa su tercer año en la Escuela 266.
El primer paso lo dio al anotarse para aprender el método cubano. “Quería aprender a leer. Y me encontré con algunos que sabían más y otros menos. Me gustó no sólo porque conocí a mucha gente sino porque me incentivaron a seguir adelante con el estudio”, relató la mujer antes de entrar a clase.
Cuando se le consulta por qué se animó a anotarse en el método cubano, no lo duda: “Es necesario saber. Nunca pude aprender a leer y escribir porque yo fui a la Escuela Especial 6 hasta los 16 años. Sólo participaba de los talleres y del comedor. Hoy estoy mucho más tranquila porque siempre tuve que depender de otro. Antes tenía que pedir ayuda para que me lean. Con la plata, lo mismo. Hoy me manejo sola y sueño con ser profesora de inglés”.
La duración de la escuela primaria para adultos varía pero, por lo general, toma dos o tres años.

