En distintos barrios de Ushuaia, Río Grande y Tolhuin —y hasta en localidades remotas como Estancia Cullen y Puerto Almanza—, vecinas y vecinos están reescribiendo sus propias historias. Con lápiz, cuaderno y la guía paciente de Isabel Cristina Fernandez -brigadista cubana internacionalista- 124 personas han culminado el programa de alfabetización “Yo, Sí Puedo” y 42 concluyeron la continuación del programa en “Primaria Intensiva”, no solo aprendiendo a leer y escribir, sino tejiendo redes comunitarias que desafían el abandono impuesto por décadas de exclusión.
Entre el martes 12 y el lunes 17 de noviembre se realizaron en Tierra del Fuego tres actos comunitarios de cierre del ciclo 2025 de los programas de alfabetización popular “Yo, Sí Puedo” y “Primaria Intensiva”. En el Centro Cultural Lola Kiepja de Tolhuin, el 12 a las 18 hs, 14 personas recibieron su certificado de alfabetización y 10 completaron la “Primaria Intensiva”. El sábado 15, en el I.P.R.A. de Río Grande, se entregaron 83 certificados de “Yo, Sí Puedo” y 28 de “Primaria Intensiva”, incluyendo a un grupo de 6 egresados de la Estancia Cullen. Finalmente, el lunes 17, en el I.P.R.A. de Ushuaia, 27 vecinas y vecinos culminaron el programa de alfabetización y 4 obtuvieron su título primario, con la participación de un grupo llegado desde Puerto Almanza.
En total, 124 personas se alfabetizaron y 42 completaron sus estudios primarios, sumando 166 trayectorias transformadas por la educación popular. Estas instancias son posibles gracias al acompañamiento de las brigadistas cubanas y al impulso territorial de la Fundación UMMEP, que en Argentina articula las misiones de solidaridad internacionalista cubana con las organizaciones populares locales.
Detrás de cada certificado entregado hay una apuesta colectiva: la de un pueblo que se organiza, que acompaña, que insiste en que ninguna vida debe quedar afuera del derecho a la educación. En el corazón de esta experiencia está el trabajo incansable de las profesoras cubanas, cuya presencia no responde a planes asistencialistas, sino a una tradición revolucionaria de solidaridad internacionalista, donde la enseñanza es un acto político de justicia.
El método “Yo, Sí Puedo” —nacido en Cuba en 2001 y validado por la UNESCO— no se limita a transmitir conocimientos básicos. Más allá del alfabeto, propone una pedagogía del encuentro, que recupera la dignidad de quienes han sido negados por un sistema socio económico que prioriza el lucro de unos pocos sobre la vida de las mayorías. La posibilidad de alfabetizarse a partir del esfuerzo de facilitadorxs que motivadxs por un espíritu solidario y tranformador le da la posibilidad a cientos de vecinxs de completar la primaria, de leer por primera vez una receta médica o una carta de un hijo, se convierte en un acto de resistencia popular.
Lo que ocurre en los salones barriales, en los centros comunitarios o en las casas donde se reúnen las clases, no es un programa que «baja desde arriba», sino una construcción colectiva. Las vecinas se convierten en promotoras, las madres en orientadoras, y las brigadistas cubanas se vuelven hermanas de lucha. Ellas no traen soluciones mágicas, sino una certeza: cuando el pueblo se educa, se transforma; y cuando se transforma, desafía el orden que lo oprime. Alfabetizarse no es solo aprender letras: es entender que otra realidad es posible, y que la solidaridad, cuando se ejerce como práctica colectiva, es el arma más poderosa contra la injusticia.